jueves, 18 de octubre de 2012

"Grandes mentiras de la humanidad" Vol.1

He descubierto que hay dos momentos en los que me siento especialmente inspirada para intentar escribir algo parecido a un monólogo de esos que dan risa (otra cosa es que lo consiga...).
El primero es después de haberme dado un buen atracón en YouTube o en la Sexta viendo a los mejores cómicos que tenemos en España, que no son pocos... y el segundo es cuando algo me enerva y me da un ataque de mala hostia.

La semana pasada tuve uno de esos momentos, de los segundos quiero decir, y me dio por plasmar mi frustración en letras a ver si me desahogaba un poco.
Aquí os lo dejo a ver qué os parece. Tener piedad, que soy limitadica :P

-------------------------------------------------------------------------------------------------
--------------------------------------------------------------------------

Llevo ya días con una congoja que no me cabe en el cuerpo ...
No quiero que se me asuste nadie pero... estuvieron a punto de atropellarme. Como os lo cuento. Dos veces. La primera fue un coche; la segunda una bici.

Aunque he de reconocer que fue culpa mía, por cruzar por donde no debía...
Soy una salvaje, una asilvestrada, una persona sin ética ni moral. Ya me lo dice siempre mi madre, que voy por la vida a lo loco, como pollo sin cabeza. Así soy yo, transgrediendo las normas, viviendo al límite.
Efectivamente, estaba cruzando por un paso de cebra.

Pero la culpa no es mía, yo no soy mala... es que me dibujaron así... ¡Ah no perdón! que eso era otra cosa.

No, en serio, la culpa no es mía, la culpa es de la sociedad, que nos tiene viviendo una mentira. Estamos todos engañados, ¿por los políticos? sí efectivamente. ¿Por los anuncios de rimel? DESCARADAMENTE. Pero por otras muchas cosas también. Y yo personalmente ya me he cansado. ¡Ya está bien, hombre! Es hora de destapar esa falsa tradición infernal que lleva años y años perpetuándose y manteniendo a todos los peatones en constante peligro de muerte. Estoy hablando de las autoescuelas y sus falacias.


Es una vergüenza que nadie se digne a decir abiertamente, es más, a gritar a los cuatro vientos la gran verdad que todos deberíamos saber ya a estas alturas: Los pasos de cebra no son para que pasen los peatones... son para que pasen los coches.

¿Que no lo sabíais? Yo desde hace tiempo.
Os confieso que la primera vez fue un shock. Eso sí, después de que pasara el séptimo coche seguido mientras yo esperaba en la acera con cara de conejo al que le han dado las largas, para cruzar por el paso de cebra, pillé la indirecta. Y a lo mejor fui yo en mi delirio, pero incluso me pareció que el conductor del último coche me miró con sorna y una sonrisilla torcida mientras pasaba a toda velocidad delante de mis narices.

Ya sé lo que estaréis pensando, "qué irónica", "qué sarcástica" (nunca he tenido demasiado clara la diferencia), "lo dice con tonillo". Sois unos linces... ¡¡¡PUES EVIDENTEMENTE Y SÍ!!!
¡Que ya está bien hombreporDios!, así to' junto. Que es muy fuerte que a estas alturas de la vida tengas más posibilidades de morir atropellada cruzando por un paso de cebra, que si te quedaras plantada frente a los monoplazas de Formula 1 en el momento de la salida (ojo que estamos hablando de 22 coches arrancando al mismo tiempo).

¿Qué les pasa a los conductores? ¿Qué extraño mecanismo transforma el cerebro de un ser humano en el mismo instante en que se sienta tras un volante?
Que no se me enfade nadie, pero hace poco leí en un estado de Facebook, a raíz de la experiencia de sacarse el carnet de conducir, que algunos peatones salen de la nada en los pasos de cebra.
No, me vais a disculpar pero no. Como tal, me siento aludida. Los peatones no salimos de la nada. Nuestras partículas no viven esparcidas, flotando por el espacio, hasta que deciden materializarse única y exclusivamente para cruzar un paso de cebra.

¿¿¡¡Pero a dónde vais locos!!?? ¡¡Que os vais a matar!!
El problema es que como hay coches aparcados absolutamente en todas partes (cuando no son furgonetas), hasta que no has dado tres pasos dentro de las malditas rayas blancas, no te ven. Y qué se supone que tenemos que hacer ¿eh? Porque no muchos conductores disminuyen la velocidad cuando llegan a un paso de cebra. ¿Asomamos la cabeza? Te juegas la vida. ¿Asomamos una bandera blanca? ¿¡Lanzamos una bengala!?

A lo mejor la solución sería que los peatones lleváramos incorporados claxons, como los coches. Así de paso les daríamos a probar de su propia medicina. Porque esa es otra... ¿Quién fue el lumbreras que inventó el claxon? ¿Y por qué le pusieron superglue? Porque tiene que ser ese el misterio de por qué algunos ecce homos torturan a la gente con ese ruido ensordecedor durante minutos y minutos. Y lo peor no es que ellos sean unos animales de bellota... es que a ti se te hincha por momentos la vena asesina sin que puedas hacer nada por evitarlo.

Otra de las grandes mentiras creadas para torturar a los viandantes y que me enerva profundísima mente, son esos botoncitos estratégicamente colocados en los semáforos. Sí amigos, me refiero a ese botón que si lo pulsas, todo el tráfico de la ciudad se para de inmediato para que tú y tus santos huevos u ovarios crucéis tranquilamente. ¿Y ésto exactamente quién se lo cree? Pues nadie, pero pretarlo, lo pretamos, por si acaso oye. No vaya a ser que por no hacerlo estemos esperando ahí como idiotas a que el hombrecillo diminuto que vive encerrado en la cajita del semáforo cambie de color... Ah no espera, que eso lo vas a hacer igualmente.

En fin amigos, que ser peatón es muy duro. Y como conclusión final, os dejo con una reflexión que hice ayer, tras luchar durante veinte minutos con el cierzo...

Está claro que en estas tierras mañas no aprendemos. Si supiéramos aprovechar los recursos que tenemos, la de litros de gasolina que se ahorrarían. Sería tan fácil como que la gente dejara de coger el coche y saliera a la calle con un paraguas o una sombrilla. Que con el vientazo de aquí, solo habría que orientarlo bien y aprovechar la ráfaga de aire. Sin duda llegaríamos antes.