
No sé por qué, pero siempre que voy andando sola por la calle, me entran ganas de llamar a alguien y charlar mientras camino. Quizás por eso, hoy que tengo una buena caminata hasta mi destino, rebusco en mi bolso y sin pensar mucho abro la agenda del móvil y paso los nombres uno a uno hasta dar con el deseado. Paul, el mejor amigo que tengo desde hace ya diez largos años, prácticamente un hermano. Siempre puedo contar con él y decirle todo lo que se me pasa por la cabeza; y es un alivio porque suelen ser millones de cosas.
Comienzo la llamada automáticamente nada más ver su nombre. Un tono... otro tono... otro más. Suelo ser paciente a la hora de esperar a que descuelguen, pero nunca me ha hecho gracia hablar con contestadores automáticos, así que procuro colgar antes de que salten. Pero justo cuando estoy a punto de colgar, los tonos cesan; no se escucha nada, únicamente un extraño silencio, denso y como encerrado en una caja. Aparto el aparato de mi oreja para mirar, pero en la pantalla figura que la llamada sigue su curso; no se ha cancelado... pero no aparece el número de destino. Extraño. Escucho antenta de nuevo; quizás sea un fallo de la línea y estámos los dos como pasmarotes sin oírnos el uno al otro. Tampoco sería tan raro, a veces pasa, así que miro de nuevo la pantalla dispuesta a colgar. Pero algo llama mi atención; me parece oír una tenue voz. Me acerco de nuevo el auricular a la oreja y escucho lo que parece una conversación entre una mujer con una dulce y melodiosa voz y un hombre. Mi mente se debate entre la curiosidad y el remordimiento por escuchar furtivamente conversaciones ajenas, así que no presto mucha atención al tema de conversación. Pero cuando por fin tras unos breves instantes me decido a colgar, la conversación desaparece de golpe y es sustituida por una voz másculina excesivamente grave, tétrica y excesivamente nítida como para ser un cruce de líneas. Más bien parece que la tenga dentro de mi cabeza.
No es que me asuste facilmente, pero esa voz me pone los pelos de punta y de repente reacciono y levanto la vista del suelo. Miro a mi alrededor y cual es mi sorpresa cuando por fin soy consciente de lo que me rodea... ¡Estoy en el cementerio del pueblo!
Cierto que no vivo excesivamente lejos, pero ¿como es posible que no me haya dado cuenta de la distancia y el tiempo? Juraría que es imposible, no he podido andar tanto en tan poco tiempo. Pero mis ojos no me engañan, llevo recorrido ya la mitad y lo más sorprendente esque está realmente concurrido.
Me adentro en la calle principal y avanzo contra corriente, esquivando a familias, parejas y algún que otro anciano solitario. Entonces, al llegar a una pequeña encrucijada, mi atención se centra en un hombre mayor que está fuera del camino, tras una lápida justo enfrente mio. Su rostro es grisáceo, su piel no tiene apenas color y su gesto es increiblemente triste. Cuando nuestras miradas se cruzan todo el dolor de su alma llega a mis ojos, pero cuando intento acercarme más para poder hablar con él, su gesto cambia, aparece el miedo y se aparta más y más de mí.
Pero no soy la única que lo ha visto; una señora mayor de pelo blanco recogido en un moño alto se ha percatado también de la melancólica presencia, pero en vez de intentar acercarse, comienza a caminar lentamente en paralelo con la mirada perdida en el suelo, murmurando tristemente.
- Perdone, ¿usted también le ha visto, verdad? - increpo a la mujer intentando comprender - Al hombre del abrigo gris.
La mujer gira el rostro hasta encontrarse con el mío y al ver mi ansia, sonríe suavemente y asiente.
- Algunas almas solo quieren que las dejen en paz, querida. Aunque ésto esté lleno de gente, no quiere decir que busquen compañía.
Sigo caminando a su lado. No me siento capaz de contestarle nada. No entiendo lo que estoy viviendo y la voz al otro lado de la línea sigue persiguiéndome desde el fondo de mi mente.
Paramos frente a un banco al otro lado de la calle, bajo el cobijo de un gran árbol, donde otra mujer está sentada, de rostro amistoso y amplia sonrisa.
Paramos frente a un banco al otro lado de la calle, bajo el cobijo de un gran árbol, donde otra mujer está sentada, de rostro amistoso y amplia sonrisa.
- ¿Tú también los ves, verdad muchacha?
No puedo creerlo... ¿están hablando de lo que creo que están hablando?... ¿acaso tengo la capacidad de ver las almas de los difuntos? nunca antes me había pasado nada parecido y empiezo a sentirme sobrepasada por la situación.
No consigo articular palabra y miro a mi alrededor intentando encontrar una señal, algo que me haga salir de esta especie de ensoñación y regresar a la realidad.
Pero en vez de eso, tras un banco cercano veo la figura de un hombre joven, de tez similar a la de aquél extraño anciano, pero de gesto mucho más siniestro y oscuro. Con una mirada lóbrega, vacía, carente de alma y al mismo tiempo llena de una esencia malévola.
No consigo articular palabra y miro a mi alrededor intentando encontrar una señal, algo que me haga salir de esta especie de ensoñación y regresar a la realidad.
Pero en vez de eso, tras un banco cercano veo la figura de un hombre joven, de tez similar a la de aquél extraño anciano, pero de gesto mucho más siniestro y oscuro. Con una mirada lóbrega, vacía, carente de alma y al mismo tiempo llena de una esencia malévola.
Entonces lo entiendo. Algo muy dentro de mí me dice que esa inquietante figura es la dueña de la voz que me ha llevado de alguna manera hasta allí. Me mira directamente, con toda su atención y voluntad puestas en mí y no puedo evitar el escalofrío que comienza a apoderarse de mi mente, acompañado por el pánico de no tener ningún control sobre la situación.
Miro de nuevo a las mujeres que me acompañan, pero no me miran a mí, si no al mismo punto que yo estaba mirando, haciendo caso omiso de mis movimientos, como si estuvieran en trance.
Cuando por fin decido que es el momento de salir de allí y escapar de todo aquello, doy media vuelta dispuesta huír lo más rápido posible pero ya es demasiado tarde. Está frente a mí, cortándome el paso, tan cerca que puedo oírle respirar. No puedo moverme, ni un centímetro, y veo como sonríe, con una grotesca mueca, amplia y torcida...
... Y la alarma rompe la escena y me devuelve al mundo consciente. Alargo el brazo desde debajo del nórdico todo lo que puedo y doy unos cuantos manotazos suaves en la mesilla hasta dar con el móvil. "¡Dios! Dichoso móvil." pienso para mis adentros mientras me recompongo, recordando el sueño más extraño que he tenido en mucho tiempo.
Miro de nuevo a las mujeres que me acompañan, pero no me miran a mí, si no al mismo punto que yo estaba mirando, haciendo caso omiso de mis movimientos, como si estuvieran en trance.
Cuando por fin decido que es el momento de salir de allí y escapar de todo aquello, doy media vuelta dispuesta huír lo más rápido posible pero ya es demasiado tarde. Está frente a mí, cortándome el paso, tan cerca que puedo oírle respirar. No puedo moverme, ni un centímetro, y veo como sonríe, con una grotesca mueca, amplia y torcida...
... Y la alarma rompe la escena y me devuelve al mundo consciente. Alargo el brazo desde debajo del nórdico todo lo que puedo y doy unos cuantos manotazos suaves en la mesilla hasta dar con el móvil. "¡Dios! Dichoso móvil." pienso para mis adentros mientras me recompongo, recordando el sueño más extraño que he tenido en mucho tiempo.
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Si, realmente es el sueño más extraño que he tenido en bastante tiempo :P
Pero parece que las musas han decidio que era una buena fuente de inspiración... o quizás mi mente solo quería sacarlo fuera. Hay una segunda parte, pero ya implica una escena más surrealista y la aparición de un actor que últimamente me trae loca (ay.... mi Rory :P) y no es plan de mezclarlo en el relato XDDDD
Sea como sea, espero que os haya gustado. Y espero comentarios ;)